martes, 23 de noviembre de 2010

En una silla

Dicen
que debo ponerle sal
a mis heridas
-hasta limón y chilito si se quiere-
y esperar a que sanen;

que hay que mojarlas
con alcohol
-directo de la botella-
prenderles fuego
y esperar, a que sanen;

que se puede
-si se prefiere-
cauterizarlas con café caliente
pero tempranito en la mañana,
y esperar a que sanen;

que pruebe también,
con música de mariachi,
o dosis precisas de blues,
-B.B. King es la mejor opción-
e igualmente, esperar a que sanen.

Yo prefiero otra cosa,
-aun que no desprecio sus consejos-
poner una herida de mujer
en mis heridas, y esperar,
a que se amen.




2 comentarios:

Angie M. dijo...

Hola, si esta de pensarse la opción que se toma, alguna vez junte mi soledad con la soledad de alguien más y como bola de nieve creamos una soledad aún más grande de lo que en realidad sentiamos.

Te mando un abrazo, en horabuena excelentes letras.

ilich dijo...

Angie mi opción no siempre es la mejor, pero es mía, mi opción es suicida, pero intensa, tiene como resultado un final trágico pero inolvidable.
Eso creo.