martes, 25 de enero de 2011

arrepentimiento

 Me duele la panza, pero de esa manera sabrosa que duele después de hacer abdominales, lo mejor es que no hice abdominales, no precisamente al menos.
cuando me dijiste que vendrías a mi casa -si digo depa suena más a historia de conquistador- y me preguntaste si habría visita, sabía, o sospechaba, o al menos me hice la ilusión de que buscaras quedarte toda la noche; una cosa llevó a la otra, yo con ganas de ti, de recordar la forma de tu cuerpo -que ya cambió- de encontrar tu piel suave entre besos -pocos besos, que bueno-; una parte de mi estaba contenta, a la otra le extrañaba que el año iniciara contigo, que fueras mi primer aventura, largamente anunciada, esperada y a la vez tan sorpresiva.



podría arrepentirme
de tu cuerpo en mi cama
despojándose de la ropa/vergüenza/timidez
de mil labios avisándole a tu espalda
de las ganas de mis manos
de pasearse en tus pezones

de la urgencia de mis labios
por morderte y besarte el pecho,
de la cadencia de mi cadera
entre tus piernas
y entre tenidos
tenernos
desnudos
valientes ante el frío

podría arrepentirme
de adueñarme de tu sexo
y ser indiferente
de tus sentimientos,
de subir a la cuerda sin red
de protección
por precaución
por sentido común
y sin derechos

podría arrepentirme
de todo y más que esto,
mandar mi vida al diablo
por una noche entera
recostado en tu cuerpo;
pero de mi falta de amor
de salir sin heridas
-de mi propia cama-
sonriendo,
no podría arrepentirme,
              // y no lo he hecho.

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