sábado, 5 de febrero de 2011

dejar el corazón en los condones

Me dieron ganas de cambiar, en serio cambiar, al menos lo que busco, pretender una historia de final a más de 3 meses, formarme una casa, comprarme un auto, inventarme una familia, comenzar a procurarme lo que de cierta manera no tengo, pero no me sale, y eso me frustra un poco, hay días como hoy en que creo con firmeza y un poco de resignación que lo mío es entender el mundo desde la visión del fondo de una botella de tequila, que despertaré solo muchas veces pero dormiré acompañado de maneras deliciosas muchas noches, que no podré recordar en voz alta pero que me harán sentir tan felizmente jodido en las mañanas; ejercer mi licenciatura en inventarme una realidad más halagadora, porque la de diario, la de la calle y el supermercado no me dan ningún argumento para hacer una canción; que me la pasaré cosechando éxitos profesionales y recuperándome de no sé cuantas perdidas personales, emocionales, dejando el corazón en los condones, haciéndome el camino, bien trazado al aniquilamiento.


Vámonos derechito
y a la chingada,
que no quede rastro
del resto del amor
que dejé en tus caderas,
del contoneo de mis promesas
en tus senos,

que no quede recuerdo
en pie
ni mano
en cuello
cicatrices
de besos en los labios,

que se quede la memoria desnuda
ridículamente encuerada,
que se muera de frío,
a pedradas,
de hambre
o de aburrimiento,

escondamos los retornos,
los espejos,
los manuales de usuario,
las ganas de volver volver,
la media vuelta,
la del estribo;


renunciemos al último beso,
al revolcón de despedida,
por compasión
por amistad
por quedarnos
con un buen sabor de boca
-o entrepierna-
y vámonos así,
sin decir más nada
derechito
a la chingada.


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