lunes, 9 de enero de 2012

Un puñado de consejos y buenas intenciones


Dicen que debería poner en orden -cualquiera-
mi vida, mi cama,  mis textos, mis manos,

Agrupar por tamaño
las noches a solas, las sonrisas;
por fecha las derrotas
-como cualquier lección de historia-
 por color, la piel
de cada ausencia;
por dolor
las cicatrices en mi espalda.

Dicen que debería poner orden en
la historia que cuento, la vida que olvido,
mi ganas de salir corriendo
y en verdad correr hasta el último aliento.

Dicen que debería ponerme en orden,
caminar por la derecha,
hablar con corrección,
-usted disculpe- -no pretendo molestarla-
-pase usted a joderme la existencia ... por favor-

que debería olvidar los gritos
en otra pinche maleta,
bajar el rencor del lado izquierdo de mi cama,
subir el volumen del silencio,
cerrar las ventanas,
-sobre todo cuando me paseo en calzones por mi casa-

despertar antes que el gallo
dormir como un lirón
sin estar borracho,
volver sobre mis pasos,
recorrer el camino marcado
por alguien mucho más sabio.

Dicen que debería limpiar la sangre
en mi espalda/mis zapatos/ mi mirada,
dicen que debería olvidar si me han lastimado,
perdonar, para comprar un andar liviano,

dicen que la felicidad me está buscando,
que el amor espera a la vuelta de la esquina
-como cualquier puta-
La gente dice, con aires de certeza,
demasiadas tonterías.

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